Rosa Montero
El País, 14 de octubre de 2008
En situaciones así, en momentos álgidos de inundación informativa, es como si la noticia dominante te abdujera. Sucedió, por ejemplo, cuando el atentado de las Torres Gemelas, y en la guerra de Irak, y también cuando el 11-M y las elecciones. Son momentos históricos y sobre todo histéricos en los que el asunto principal alcanza el punto de ebullición de la lava y desaloja de nuestra atención todo lo demás. Como articulistas nos dedicamos a comentar la realidad, pero, con la que está cayendo, es que no se nos ocurre ni nos atrevemos a hablar de otra cosa. La crisis es la noticia en la que vivimos, como gusanos dentro de una manzana. Y así, aquí estamos todos intentando decir algo propio, algo original, algo inteligente sobre el crash económico. Una ambición inane y condenada al fracaso, porque además en esta crisis nadie parece saber decir (ni hacer) nada atinado, desde Rajoy con su demagogia irresponsable a Zapatero con su inconsistencia amedrentadora. Por eso a mí, después de mucho pensar en el asunto, sólo se me ocurre una palabra: ¡socorro!
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